GRAN HOTEL ALBACETE

Fue inaugurado en 1917 sustituyó el concepto de posada y proporcionó a los viajeros el confort que parecía exclusivo de los hoteles extranjeros.

Hacia 1905, Gabriel  Lodares promueve el magnífico edificio del Gran Hotel ubicado en la Plaza del Ayuntamiento. Este edificio rompe con la tónica de la época, ya que aparece con cinco alturas y rematado por tres linternas, emergiendo desde la llanura al paisaje urbano. La fachada es ecléctica con una mezcla de estilos: renacentista, gótico, plateresco y modernista. Por su ornamentación y composición exquisitas, este edificio constituye junto con el Pasaje de Lodares, uno de los elementos emblemáticos de la ciudad de Albacete. Su interior ha sido reconstruido en su totalidad para armonizar elegancia y tradición con un diseño audaz, vanguardista y funcional. Uno de los edificios más representativos de la ciudad es, sin duda, el Gran Hotel, confluyen en él muchas características a resaltar Es la única empresa que permanece a lo largo de sus casi cien años en el mismo lugar y con la misma explotación comercial con la que fue creado. Fue proyectado en 1915 por el arquitecto Daniel Rubio a instancias de Gabriel Lodares Lossa Es señal del comienzo del eje más emblemático (urbanísticamente hablando) del Albacete de principios de siglo XX: la calle Ancha.

Un poco de historia: paradores, mesones, posadas, fondas, hoteles

La situación geográfica de Albacete llevó aparejada desde muy antiguo la necesidad de hacer frente al paso y hospedaje de mercaderes, trajinantes, soldados, correos, pastores, carreteros, transeúntes… y un sinfín de personas que por profesión, ocio o necesidad necesitaban alojarse.
Desde épocas medievales existieron en Albacete paradores y mesones (no mencionamos las ventas, pues éstas son propias de los caminos pero no del interior de las poblaciones).
En el siglo XV ya tenemos constancia de la existencia de un mesón en la plaza Nueva (actual Mayor) lugar habitual del mercado y sitio transitado gracias a la calle Mayor, llamada “la principal de la villa” en el siglo XVI. Otros mesones se situarían en las vías principales de entrada y salida a la población. Con el tiempo, los mesones, en los que sólo se ofrecía hospedaje a las personas (pero no comida) y cebada y paja a las caballerías, progresaron y surgieron otros establecimientos de superior categoría, nos referimos a las posadas.
Un despacho del Corregidor de Murcia del año 1751 obligaba a todas las ventas, mesones y posadas que se encuentran en el camino de la Corte de Madrid a Murcia, Alicante y Valencia a mejorar las pésimas condiciones de hospedaje, al parecer, comunes a todo el territorio de España.
Se exigieron habitaciones adecuadas con camas limpias, sillas, bufetes y cuadras suficientes para la multitud de carruajes y caballerías que continuamente andaban por la citada carrera.

Especialmente se incidió en que los mesones dispusieran de productos básicos como pan, vino, aceite, vinagre, sal, agua y arroz. Para las caballerías, cebada, paja y agua.

Así llegamos a 1879 en que a través de la documentación de Hacienda (contribuciones) comprobamos que  se suman a los tradicionales mesones las fondas y casas de huéspedes.
Con la llegada del ferrocarril a Albacete la afluencia de viajeros creció, apareciendo una nueva clase de comerciantes, funcionarios y hombres adinerados con ganas de conocer mundo, que reclamaban un nuevo tipo de hospedaje, viajeros que eludían la

anterior convivencia con campesinos, trajinantes y gentes de toda condición. Así es como aparecen las casas de huéspedes o pupilos, las fondas y los hoteles.
El Gran Hotel es dado de alta en la contribución industrial y de comercio el día 1 de septiembre de 1917, a efectos fiscales figura como “Fonda, Café y Restaurante”, su explotación corrió a cargo de Federico Sánchez Maniero, quien en 1918 lo traspasa a Victoriano García. En 1919, José García Herráiz, concesionario de la “fonda” incrementa la categoría de ésta a “hotel” tal y como figura en el libro de matrícula de la contribución. Su inauguración se difundió en la prensa local con esquelas publicitarias, así La Opinión, el 23 de agosto de 1917,  daba cuenta de la inauguración que se llevaría a cabo el día 1 de septiembre para que tanto el pueblo de Albacete como los forasteros encontraran, con motivo de la Feria, todas las comodidades de un “Hotel de primer orden (…) Con cocina francesa y española”. No fue el único edificio de ocio del que se pudo maravillar la ciudad, la plaza de toros nueva también inauguró su coso  en aquel año. El 8 de septiembre de 1917 El Defensor de Albacete narraba la apertura del café del Gran Hotel que se había realizado la mañana del día anterior, “sin carácter de ostentación” pero con toda clase de comodidades y servido por doce camareros. La inauguración oficial, con todo el esplendor que merecía, no se pudo llevar a cabo debido a las huelgas.

 

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